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La Historia de las Mujeres forma parte de un movimiento intelectual
más amplio que podemos denominar Estudios de la Mujer (Women's
Studies), iniciado a finales de los años sesenta y muy directamente
implicado, desde una perspectiva científica, con el auge
de las nuevas corrientes historiográficas de la historia
social potenciadas con diferentes matices en las órbitas
anglosajona y francófona; y, desde una perspectiva ideológica,
con el feminismo contemporáneo de lucha por la emancipación
de las mujeres. En la década de los setenta se consolidó
como una rama autónoma de las disciplinas históricas
y comenzó a desarrollarse en nuestro país, con cierto
retraso, en el inicio de los ochenta. Este movimiento, a pesar de
su variedad y de las diferencias de planteamientos y enfoques de
estudio, tiene un punto de coincidencia, que podría definirse
como la necesidad de construir un nuevo paradigma de conocimiento,
el de género, basado en el principio epistemológico
de la diferencia sexual. Los historiadores de la mujer en todo el
mundo han comenzado a utilizar el concepto "género"
para delimitar una realidad cultural tanto del pasado como del presente
(BOCK, 1991, 68), que se define como la organización social
resultante de las relaciones diferenciales entre sexos y la construcción
cultural derivada de la sexuación de la sociedad. Con ello
se pretende focalizar la investigación en lo femenino y lo
masculino como elementos en la sociedad y fuerzas dentro del proceso
histórico.
La Historia de las Mujeres, entendida desde esta perspectiva, no
constituye un apartado dentro de la Historia general o una historia
sectorial, sino una nueva disciplina científica autónoma,
fundamentada en unas bases teóricas y metodológicas
que se encuentran en permanente proceso de construcción y
revisión, y que ofrece algunas respuestas a las demandas
sociales de indagar sobre los nuevos caminos de la Historia y elaborar
"otras" historias habitualmente olvidadas en la historiografía
tradicional. En la actualidad, por las influencias del postmodernismo
y de diversos revisionismos hermenéuticos, la Historia ha
abandonado los grandes relatos característicos del cientismo,
la conocida como historia total, y ha dirigido su interés
hacia múltiples temáticas particulares que abarcan
aspectos anteriormente olvidados o caracterizados como escasamente
representativos - lo que SILVER (1992) denominó "los
silencios de los historiadores"-. Esta crisis ha permitido
percibir y abordar nuevos espacios significativos de experiencia
histórica, uno de los cuales es, precisamente, el de la Historia
de las Mujeres. Objeto en Estados Unidos de revistas, asociaciones
y cátedras específicas, esta historia ha avanzado
más lentamente en Europa hacia la etapa de institucionalización,
aunque la década de los años noventa ha sido decisiva
en el proceso de consolidación de esta disciplina.
Circunscribiéndonos al espacio específico de estudio
de la historia de la educación de las mujeres y al ámbito
geográfico español, podemos situar el origen de este
campo de investigación en los años ochenta, con una
producción bibliográfica que ha ido creciendo, lenta
pero constantemente, hasta la actualidad. Sin embargo, al igual
que se constata en las síntesis bibliométricas europeas
(COMPÈRE, 1995), la profusión de investigaciones sobre
la educación de la mujer se caracteriza por su dispersión
y por la desigualdad en el tratamiento de las diferentes temáticas.
También adolece, dada su novedad, de estudios globales que
integren y contextualicen diversas perspectivas metodológicas
y conceptuales.
Así, parece que en la historiografía española
sobre la educación de la mujer abundan las aportaciones sobre
"mujeres singulares" e "instituciones educativas
femeninas". El primer grupo de investigaciones estudia el pensamiento
pedagógico de mujeres excepcionales, silenciadas en la mayoría
de los casos, si bien aún no se ha llevado a cabo la tarea
de "comprender y explicar la formación y surgimiento
de estas mujeres con respecto a las demás de su sexo y clase
social, así como sus relaciones con los varones y la interacción
entre su vida pública y privada" (BALLARÍN, 1994,
179-180). El segundo grupo de investigaciones se centran en la historia
de instituciones educativas femeninas, concentrándose la
mayor producción bibliográfica en las Escuelas Normales
y los centros de formación de las maestras. Esta línea
resulta imprescindible si se desea convertir a las mujeres anónimas
en protagonistas singulares del espacio social (BALLARÍN,
1994, 181). Son mucho menos abundantes los trabajos sobre la historia
de la educación secundaria y universitaria de las mujeres,
lo cual se comprende por su tardía incorporación a
los niveles de instrucción no primarios.
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